Manténgase hambrientos

Aunque es muy conocido, lo volvemos a citar. Este es el discurso que el cofundador de Apple, fallecido el miércoles 05 de octubre 2011 a los 56 años, pronunció en 2005 en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford. Es un resumen humano, sincero, de su vida.

Me siento honrado de estar con ustedes hoy en su ceremonia de graduación en una de las mejores universidades del mundo. Yo nunca me gradué de una universidad. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación. Hoy deseo contarles tres historias de mi vida. No es gran cosa. Sólo tres historias.

La primera historia se trata de conectar los puntos

Me retiré del Reed College (Portland, Oregon) después de los primeros seis meses y seguí yendo de modo intermitente otros 18 meses o más antes de renunciar de verdad. Entonces, ¿por qué me retiré?

Todo comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era joven, estudiante de universidad y soltera, y decidió darme en adopción. Ella creía firmemente que quienes me adoptaran tendrían que tener un título universitario. Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa; salvo que cuando nací, ellos decidieron en el último minuto que en realidad deseaban una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntándoles: “Tenemos un niño no deseado, ¿lo quieren?”. Ellos dijeron: “Por supuesto”.

Posteriormente, mi madre biológica se enteró de que mi madre nunca se había graduado de una universidad y de que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los papeles de adopción definitivos. Sólo cambió de parecer unos meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad. Y 17 años más tarde fui a la universidad.

Sin embargo, ingenuamente elegí una universidad casi tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres, de clase obrera, fueron utilizados en mí matrícula. Después de seis meses no era capaz de apreciar el valor de esto. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y ahí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Así que decidí retirarme y confiar en que todo iba a resultar bien. Fue bastante aterrador en ese momento, pero mirando hacia atrás fue una de las mejores decisiones que he tomado.

Apenas me retiré, pude dejar de asistir a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a asistir irregularmente a las que se veían interesantes. No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el piso de los dormitorios de amigos, cambiaba botellas de Coca Cola en los depósitos por 5 centavos para comprar comida y todos los domingos en la noche caminaba 11 kilómetros, cruzando la ciudad, para conseguir una buena comida a la semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. La mayor parte de las cosas con que tropecé siguiendo mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Les doy un ejemplo: en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país. Todos los afiches en todo el campus, todas las etiquetas de los cajones, estaban bellamente escritos en caligrafía a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí tomar una clase de caligrafía. Aprendí sobre tipografías serif y san serif, de la variación de espacio entre letras, sobre qué hace realmente grande a una tipografía. Fue hermoso, histórico, artísticamente sutil, de una manera en que la ciencia no logra capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. No obstante, diez años más tarde, cuando estaba diseñando la primera computadora Macintosh, todo tuvo sentido para mí. Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue la primera computadora con una bella tipografía. Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, la Mac nunca habría tenido múltiples tipografías o fuentes con espacio proporcional.

Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ninguna computadora personal los tuviera ahora. Si nunca me hubiera retirado, no habría asistido a esa clase de caligrafía, y las computadoras personales no tendrían la maravillosa tipografía que tienen. Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Reitero: no pueden conectar los puntos mirando hacia el futuro; solamente pueden conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tienen que confiar en que los puntos se conectarán de alguna manera en su futuro. Tienen que confiar en algo: su instinto, su destino, su vida, su karma, lo que sea. Esta perspectiva nunca me ha decepcionado y ha marcado la diferencia en mi vida.

La segunda historia es sobre amor y pérdida

Yo fui afortunado, descubrí temprano lo que amaba hacer en la vida. Woz (Steve Wozniak, amigo de la juventud) y yo creamos Apple en el garaje de mis padres cuando yo tenía 20 años. Trabajamos duro y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en US$2 mil millones y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación —la Macintosh— y recién yo había cumplido los 30 cuando me despidieron.

¿Cómo te pueden despedir de una compañía que tú has creado? Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que era muy talentoso, para dirigir la compañía conmigo. Los primeros años las cosas marcharon bien. Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse y finalmente tuvimos un tropiezo. Cuando ocurrió, la Junta Directiva lo respaldó a él. De ese modo, a los 30 años estaba afuera. Y de una forma muy publicitada. Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta, fue devastador.

Por unos cuantos meses realmente no supe qué hacer. Sentía que había decepcionado a la anterior generación de emprendedores, que había dejado caer su testamento cuando me lo estaban pasando. Me encontré con David Packard (de HP) y Bob Noyce (de Intel) e intenté disculparme por haberlo echado a perder tan estrepitosamente. Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme del Valle (Silicon Valley). No obstante, lentamente comencé a entender algo: todavía amaba lo que hacía.

El revés ocurrido con Apple no había cambiado eso ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Y así decidí comenzar de nuevo. En ese entonces no lo entendí, pero sucedió que ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de ser exitoso fue reemplazada por la liviandad de ser un principiante otra vez, menos seguro de todo. Me liberó para entrar en uno de las etapas más creativas de mi vida. Durante los siguientes cinco años comencé una compañía llamada NeXT, otra compañía llamada Pixar y me enamoré de una mujer asombrosa que se convirtió en mi esposa. Pixar continuó y creó la primera película animada por computadora, Toy Story, y ahora es el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los hechos, Apple compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple. Además, con Laurene tenemos una maravillosa familia.

Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No pierdan la fe. Estoy convencido de que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman. Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores. Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo, y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan.

La tercera historia es sobre la muerte

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo parecido a “Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto”. A mí me impresionó y desde entonces, durante los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: “Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer hoy?”. Y cada vez que la respuesta ha sido “No” por varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para ayudarme a decidir las grandes elecciones de mi vida. Porque casi todo —todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso— eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solamente aquello que es realmente importante. Recordar que van a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder. Ya están desnudos. No hay ninguna razón para no seguir a su corazón.

Casi un año atrás me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un escáner a las 7:30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. Yo ni sabía lo que era el páncreas. Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los tres a seis meses. Mi doctor me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararte para la muerte.

Significa intentar decirles a tus hijos en pocos meses todo lo que pensabas decirles en los próximos 10 años. Significa asegurarte de que todo esté finiquitado de modo que sea lo más sencillo posible para tu familia. Significa despedirte. Viví con ese diagnóstico todo el día. Luego al atardecer me hicieron una biopsia en la que introdujeron un endoscopio por mi garganta, a través del estómago y mis intestinos, pincharon con una aguja mi páncreas y extrajeron unas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me contó que cuando examinaron las células en el microscopio, los doctores empezaron a llorar porque descubrieron que era una forma muy rara de cáncer pancreático, curable con cirugía. Me operaron y ahora estoy bien.

Fue lo más cercano que he estado de la muerte y espero que sea lo más cercano por unas cuantas décadas más. Al haber vivido esa experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando tenía apenas un útil pero puramente intelectual concepto sobre la muerte:

Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser, porque la Muerte es muy probable que sea la mejor invención de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo, ustedes son lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, gradualmente ustedes serán viejos y serán eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es muy cierto.

Su tiempo tiene límite, así que no lo pierdan viviendo la vida de otra persona. No se dejen atrapar por dogmas —es decir, vivir con los resultados del pensamiento de otras personas—. No permitan que el ruido de las opiniones ajenas silencie su propia voz interior. Y más importante todavía: tengan el valor de seguir su corazón y su intuición, que de alguna manera ya saben lo que realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The whole Earth catalog, que era una de las biblias de mi generación. Fue creada por un tipo llamado Steward Brand, no muy lejos de aquí en Menlo Park, y la creó con un toque poético. Fue a fines de los 60, antes de las computadoras personales y de la edición mediante microcomputadoras, por lo tanto, en su totalidad estaba editada usando máquinas de escribir, tijeras y cámaras polaroid. Era un tipo de Google en formato de edición económica, 35 años antes de que apareciera Google: era idealista y rebosante de hermosas herramientas y grandes conceptos.

Steward y su equipo publicaron varias ediciones del The whole Earth catalog, y luego cuando seguía su curso normal, publicaron la última edición. Fue a mediados de los 70 y yo tenía la edad de ustedes. En la tapa trasera de la última edición había una fotografía de una carretera en el campo, temprano en la mañana, similar a una en que estarían haciendo autostop si fueran así de aventureros. Debajo de la foto decía: “Manténganse hambrientos.

Manténganse descabellados”. Fue su mensaje de despedida al finalizar. Manténganse hambrientos. Manténganse descabellados. Siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando se gradúan para empezar de nuevo, es lo que deseo para ustedes. Permanezcan hambrientos. Permanezcan descabellados. Muchas gracias.

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