La ética en los negocios ¿existe?

El empresario Carlos Cardoen es buscado en USA por traficante de armas. ¿Tiene moral USA para perseguir a alguien por ese delito? ¿Existe la ética en los negocios?

Minutos después de que un terremoto de magnitud 8,8 causara estragos en esta ciudad en la región de viñedos del Valle de Colchagua el año pasado, en Chile, el emprendedor Carlos Cardoen salió de su casa en plena noche para descubrir que dos décadas de trabajo habían quedado en ruinas.

Cardoen había trabajado sin descanso para aumentar la visibilidad de una zona reconocida por la revista especializada en vinos Wine Enthusiast como la región del año en 2005, pero ahora su hotel y museo estaban muy dañados, junto con gran parte del resto de este pintoresco enclave turístico.

Cardoen, de 68 años, se puso enseguida manos a la obra. Usó sus lazos con la elite empresarial de Chile para pedir donaciones y organizó de inmediato una línea de aprovisionamiento que eventualmente llevó 90 toneladas de alimentos y ropa a Santa Cruz, y evitó los saqueos que se desataron en otras ciudades devastadas por el terremoto.

Mientras la reconstrucción en gran parte del resto del país ha avanzado con lentitud, Cardoen reconstruyó con rapidez su hotel colonial de 16 habitaciones y museo histórico, a cuya reapertura asistió en octubre su amigo, el presidente de Chile Sebastián Piñera, como invitado de honor.

Ahora, Cardoen encabeza un programa de financiación y reconstrucción para recaudar US$1,5 millones para reparar la iglesia del siglo XIX de Santa Cruz en la plaza principal, que fue demolida. “Es el agnóstico más católico que conozco”, afirma el cura local, padre Juan Carlos Urrea, sobre el empresario escéptico de la religión.

Si bien Cardoen es visto en Santa Cruz como un héroe local, la visión que se tiene de él en Estados Unidos —donde enfrenta una prolongada orden de arresto— es bastante distinta.

Antes de que EE.UU. procesara a Cardoen en 1993 por supuestamente conspirar con un contratista con sede en Oregón para importar circonio de forma ilegal a Chile, la aduana de EE.UU. lo llamó “uno de los mercaderes de la muerte más notorios del mundo”. EE.UU. sostiene que Cardoen usó el material para venderle a Saddam Hussein bombas de racimo: latas de metal que esparcen proyectiles más pequeños en una gran extensión.

Cardoen nunca negó sus negocios con Saddam, pero sostiene que es víctima de maquinaciones políticas y de la sed de venganza de las autoridades de EE.UU., que en todos estos años nunca han presentado una solicitud de extradición. El empresario afirmó que el motivo es que EE.UU. sabe que el caso en su contra no se sostiene y quiere mantenerlo en un limbo legal. A su vez, EE.UU. culpa a las lagunas legales en el tratado de extradición con Chile.

Ni el Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ni el Departamento de Justicia en Miami quisieron hacer comentarios sobre el caso Cardoen.

La rápida reacción de Cardoen en Santa Cruz, a casi 200 kilómetros al sur de Santiago, contrasta con la lentitud de los esfuerzos de reconstrucción y alivio oficiales. En el momento del terremoto, la entonces presidenta Michelle Bachelet fue criticada por esperar demasiado tiempo a enviar tropas para reestablecer el orden y llevar provisiones, mientras el actual presidente, Piñera, hace poco enfrentó una furiosa protesta de personas sin techo mientras visitaba una comunidad destruida por el terremoto. Piñera ha dicho que la reconstrucción avanza bien considerando la magnitud del terremoto, que destruyó más de 200.000 hogares, 4.000 escuelas y 17 hospitales. El gobierno calcula que el terremoto causó daños por US$30.000 millones, una suma que equivale a alrededor de 18% del producto interno bruto de Chile.

En Santa Cruz, la mayoría de la gente valora la capacidad de acción Cardoen y aceptaron su transición de fabricante de bombas a productor de cabernet y otros vinos bajo su marca internacionalmente conocida Viña Tarapacá. Al recordar la rapidez con la que las provisiones fueron almacenadas en el hotel de Cardoen y luego distribuidas en los barrios, el capitán de bomberos Pablo Ramírez describe con admiración lo rápido que se movió Cardoen: “mucho más rápido que el gobierno”.

El propio Cardoen dice: “Simplemente llamé a amigos y les dije que me enviaran un camión lleno de azúcar o harina”.

El empresario se movió con la misma decisión para reconstruir el mayor museo privado de Chile luego de que el edificio de adobe de 200 años de antigüedad colapsara sobre las exhibiciones. Persuadió a algunos especialistas en restauración de América Latina, quienes trabajaban en el Vaticano, para que se desplazaran a Santa Cruz y ayudaran a reconstruir pedazos de cerámica precolombina y otros tesoros.

El museo reconstruido es de hecho mayor que el de antes del terremoto y Cardoen prepara más atracciones. Está construyendo un pabellón dedicado a los famosos 33 mineros chilenos, que fueron rescatados de las entrañas de una mina de cobre en octubre.

Sin embargo, no todos en Chile están entusiasmados con Cardoen. Ser parte del proceso de reconstrucción es “sólo un buen negocio” para Cardoen, afirmó Elir Rojas Calderón, del grupo anti-armamento Centro Zona Minada. Yasmin Espinoza, quien trabaja en temas de control de armas para Amnistía Internacional en Chile, sostuvo que Cardoen “tiene una deuda con la humanidad” por su pasado como fabricante de armas.

La relación de Cardoen con Saddam Hussein se remonta a los años 80, cuando le vendió a Irak US$200 millones en bombas de racimo, afirma EE.UU. Cardoen no niega haber importado el circonio y haberle vendido armas a Saddam, pero sostiene que de hecho fue alentado por EE.UU., que en ese momento se inclinaba por Irak en su prolongada guerra contra Irán. Cuando Saddam Hussein invadió Kuwait en 1990 Saddam Hussein se convirtió en un enemigo para EE.UU., y salieron a buscar chivos expiatorios”, explica Cardoen. “Y yo fui un chivo expiatorio”. Actualmente, gran parte de sus esfuerzos se centran en reconstruir la iglesia con su buen amigo, el padre Urrea. El religioso afirma que conoce el pasado de Cardoen, pero agrega que sólo lo puede juzgar por lo que ve ahora. “Es un buen hombre y, en lo más profundo, creo que es un creyente”.

Autores:   Matt Moffett y Anthony Esposito. WSJ.

 

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