Las normas ¿son para seguirlas?

Mientras la diseñadora María Cornejo se preparaba para una fiesta en su nueva boutique de Los Ángeles, atendía las llamadas de su hijo de 12 años porque su niñera no lo había recogido en el colegio y de su hija de 19 años. Su hermano trabajaba en un video de presentación, su cuñada recibía a los invitados y su esposo movía papeles en una mesa.

Cornejo ha desarrollado silenciosamente una marca que es apreciada en círculos selectos aunque funciona en muchos sentidos como un negocio familiar. “Mi vida privada y mi familia son realmente importantes”, explica. “Cuando era más joven y trabajaba todo el tiempo, era algo fuera de control”.

Con 25 empleados y alrededor de US$5 millones en ingresos anuales, la diseñadora chilena vende su marca, Zero + María Cornejo, a alrededor de 85 minoristas en todo el mundo, incluyendo Harvey Nichols en Londres, Ikram en Chicago y Joyce en Hong Kong, así como en sus tres tiendas propias en Nueva York y Los Ángeles.

Está frecuentemente en la lista de los diseñadores preferidos por la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama. Las primeras filas en sus desfiles de moda en Nueva York y su clientela de celebridades incluyen luminarias como la artista Cindy Sherman y la actriz Tilda Swinton. Los pedidos para la colección de primavera, exhibidas en Nueva York en septiembre, subieron alrededor de 30% con respecto a un año atrás, dice su socia Marysia Woroniecka.

Sin embargo, Cornejo se está moviendo lenta y cuidadosamente en lo que respecta al crecimiento de su colección que apunta a la parte superior del mercado. Su objetivo es encontrar un equilibrio entre su familia y su carrera, incluso en un sector que es notoriamente poco favorable para la vida familiar.

En Wall Street, la idea de que alguien se mantiene deliberadamente pequeño suena vagamente falsa sino directamente demente. Otras marcas de moda se ven tentadas a endeudarse o asociarse con inversionistas que pueden financiar la publicidad, los shows de alto perfil y los esfuerzos de expansión. Thom Browne, Proenza Schouler y otras marcas tienen socios inversionistas que están ayudando a los diseñadores a expandir sus colecciones o lanzar nuevas líneas.

Pero los inversionistas tienen sus propias expectativas y su dinero a veces los pone al mando de la sociedad. La primera vez que escuché a Cornejo hablando de las ventajas de ser una empresa pequeña, estábamos en París tomando unos tragos con el diseñador Narciso Rodríguez, quien contaba cómo había contratado un abogado agresivo para negociar su salida de su alianza financiera (que apuntaba fuertemente al crecimiento) con Liz Claiborne Inc. Es algo común en la moda: diseñadores entre los que están Rolando Mouret, Alessandro Dell’Acqua y Devi Kroell se han separado de sus socios capitalistas cuyas visiones no coincidían creativamente.

Incluso sin llegar a un divorcio empresarial, las exigencias de un rápido crecimiento y de tener una marca grande pueden ser abrumadoras. En la década de los años 80, Cornejo creó una marca en Londres con el diseñador John Richmond. La línea, llamada Richmond Cornejo, rápidamente ganó un status “de culto” en el ambiente. Pero Cornejo dice que no la hizo feliz. Se separó de Richmond y luego se mudó a Nueva York, donde creó la línea llamada Zero casi por accidente. Estaba planeando pintar en su estudio pero decidió diseñar algunas camisetas de alta costura y comenzó a recortar tela en círculos.

Más que endeudarse o asociarse con inversionistas, eligió compartir la carga de trabajo. Se asoció con Woroniecka, una ex colega, hace cinco años y le dio una participación de 50% en la empresa a cambio de un año de trabajo sin sueldo.

Zero comenzó a ser aceptada en el mundo de la moda casi inmediatamente después de su lanzamiento.

Algo que distingue a Cornejo (y que hace que tiendas como Ikram le sigan comprando) es lo característico de su estilo. No hay nada ligado a la tendencia del momento. Su ropa siempre se ve más como “María Cornejo” que como “la colección de otoño de 2010, cuando todo el mundo usaba beige”. Sus características son artísticas pero no exactamente de vanguardia y dan la impresión de que sus prendas son usadas por la propia diseñadora. “Siempre estoy tratando de diseñar el vestido ideal porque odio mis rodillas”, explica.

“La esencia de su colección son los diseños para una mujer que es súper-sofisticada pero no quiere pensar en la moda demasiado”, dice Julie Gilhart, directora de moda de Barney’s, una tienda por departamentos que compra prendas de Cornejo. “Nunca se ven pasadas de moda”, sostiene.

Un vestido de cóctel no trae habitualmente a la mente “fácil de usar” o “cómodo” pero Cornejo apunta a que sus prendas sean ambas cosas. Sus vestidos están cortados al sesgo y cubren favorablemente lugares susceptibles para las mujeres, como el vientre y las caderas. Su colección de otoño, que está ahora en las tiendas, incluye chaquetas de cuero y pantalones de estilo gaucho ceñidos.

Autor: Christina Binkley, WSJ.

 

 

 

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