¿No nos estaremos equivocando en las empresas? El hombre es más intuitivo que racional.

El cerebro tiene dos hemisferios, izquierdo y derecho. El primero maneja la parte racional, de cálculo del ser humano, el segundo la parte emocional, artística, intuitiva. Teóricamente, un ingeniero debería utilizar más su lóbulo izquierdo y un pintor el derecho, pero todos los estudios demuestran que el ser humano, en el momento de decidir, es más intuitivo que racional sin importar mucho sus atributos profesionales o vivenciales.

Los psicólogos experimentales Amos Tversky y Daniel Kahneman, israelíes, encabezan el movimiento de los “prejuicios cognoscitivos” y han efectuado experimentos en una de las organizaciones que se suponen más racionales, el ejército israelí, y han llegado a la conclusión de que incluso en escenarios de tensión bélica, los tomadores de decisiones analizan la información disponible pero sus decisiones nacen del fondo intuitivo de su condición humana. Con relación a la acción en grupos, han desarrollado la teoría de la representatividad, por la cual se postula que al decidir nos inclinamos más por apoyarnos en viñetas, cuentos, que en datos y números. Esto es claro de entender si vemos la manera como elaboramos imágenes de las personas en base a la primera impresión más que en los currículos. En nuestro cerebro las imágenes construyen imágenes más que relaciones lógicas.

¿Cómo funciona nuestro cerebro normalmente? Algunas de sus características que lo representan son:

a) No prestamos mucha atención a la historia. Podemos estar entrevistando a un excelente profesional, lleno de diplomas, pero finalmente nuestra decisión estará sesgada por nuestra impresión.

b) Frente a dos hecho simultáneos, nos precipitamos a sacar conclusiones de causalidad. En el momento de decidir, somos más rápidos en las asociaciones más que en el análisis, y las conclusiones las largamos incluso sin prudencia.

c) No hacemos mayor caso de los muestreos. Tendemos a sacar conclusiones en base a emociones más que al análisis. Esto se ve muy claramente en ocasión de elecciones políticas.

Son muchas las pruebas de que no existe el homo rationalis, y por ende el homo económicus. En lugar, somos eminentemente homo intuitivus.

La conclusión es grave, ya que todo el aparato de formación de recursos humanos está dirigido a reforzar y desarrollar la parte racional de nuestro cerebro, y todos los filtros organizacionales de las empresas están diseñados para ubicar y contratar al “más racional” de los postulantes. ¿No nos estaremos equivocando? ¿No será hora de reconocer esta realidad y buscar la manera de desarrollar la parte intuitiva de los niveles de mando, especialmente de los superiores? ¿No será hora de enseñarles Zen y Meditación en lugar de poner tanto énfasis en las finanzas, la producción y el marketing?

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