Responsabilidad Social Corporativa, esa gran estafa. Una opinión.

Es un tema del que incluso los legos en materia de gestión han oído hablar. Se ha hecho tan popular que hasta se han desarrollado masters, ciclos oficiales, y titulaciones universitarias en la materia. Y bien, ¿Qué es realmente la responsabilidad social corporativa?, como casi todo en este mundo actual políticamente correcto y esclavo de la imagen, lo que seguro no es, es aquello que sus propulsores corporativos y académicos dicen que es. Así, descubramos en una de sus definiciones oficiales, aquello que debemos descartar para acotar la búsqueda y acercarnos a la realidad.

Extraído de la Wikipedia: “La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un enfoque de negocios que incorpora respeto por las éticas, las personas, las comunidades y el Medio Ambiente. La RSE es un conjunto de políticas, prácticas y programas que están integradas en todo el proceso de operaciones de los negocios y en su toma de decisiones.”

Para quien aún crea que esta definición es válida perdamos un poco el tiempo en demostrar su absoluta hipocresía. Todo el mundo a día de hoy, gobernantes y poderes fácticos incluidos, está de acuerdo en que la economía está en crisis. ¿Qué significan las crisis económicas en el capitalismo?, paro, desahucios, hipotecas que no pueden ser pagadas, menos consumo, menos riqueza. Nada que no hayamos visto antes y que no pudiéramos preveer. Las crisis son cíclicas y seguras en el sistema de organización social en el que vivimos. Ese grado de certeza puede entonces utilizarse para planificar la actuación durante las mismas. ¿Qué está pasando en la realidad?, que las corporaciones que dicen llevar políticas de este tipo no tienen respeto por la ética, ni por las personas, ni por las comunidades, ni por el medio ambiente, esas corporaciones que no dejan de ser conglomerados de personas, actúan reflejándose en el pensamiento de la mayoría de ellas, primando de manera prioritaria y única los intereses de quien las controlan. Menuda novedad, ¿verdad?, es una verdad de Perogrullo, pero a pesar de todo muchos se creyeron la cantinela.

Ahora que ya sabemos donde no debemos buscar, centrémonos en descubrir la realidad. ¿Qué es en verdad esto de la Responsabilidad Social Corporativa?. Bueno, pues en primer lugar es un nombre bonito. Casi podríamos afirmar que es sólo eso. En la sociedad de la imagen es imprescindible que tus actos puedan definirse en palabras que mezclen sofisticación y ampulosidad, y que además te permitan endulzar y encubrir el fraude y el engaño que quieres llevar a cabo. Así pues estas palabras cumplen los requisitos sobradamente, porque si lo que quisieran realmente fuera no confundir podrían haber puesto un nombre más preciso, podrían usar palabras como lealtad, honradez, bondad, franqueza, nobleza, o cualquier otra que defina exactamente los posibles buenos comportamientos corporativos. Pero eso sería peligroso ya que sería fácil caer en la contradicción, en la incompatibilidad de la realidad con la ficción de las palabras y la imagen. Pero, ¿Es la responsabilidad social corporativa algo más que un bonito nombre?, no, no lo es.

En el mejor de los casos puede ser uno de esos activos intangibles pero valorados en los libros que tiene la empresa dentro de su área de imagen y marketing. Un activo que no vale por lo que contiene de realidad, ya que no contiene nada, sino por lo que puede servir para el innoble arte del pasteleo con los administradores, reguladores y políticos gobernantes o con aspiraciones. Ahí hemos llegado al quid de la cuestión, a la raíz del origen de este engaño. Las corporaciones necesitan proyectar una imagen falsa de filantropía para que el contrapoder del pueblo representado en los políticos pueda lavarse las caras ante sus bases mientras entre las jerarquías se vive el momento.

Volvamos al principio, y a los hechos para destapar el engaño. Como he afirmado anteriormente es bien sabido que las crisis son cíclicas y seguras en el sistema de organización social en el que vivimos. Ese grado de certeza podría entonces utilizarse para planificar la actuación durante las mismas. Utilicemos el ejemplo de una empresa muy de actualidad en esta crisis en España, Nissan. Esta empresa se clasificó en uno de los primeros puestos a nivel mundial en una lista que prepara cada año la revista Newsweek basándose en los principios de Standard & Poor’s y sus actividades de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) utilizando en la agencia inglesa Ethical Investment Reseach Services (EIRIS). (fuente)

Cualquiera que siga las noticias sabe que NISSAN en Barcelona ha presentado un ERE para despedir a 1300 trabajadores, eso si, de forma muy socialmente responsable como corporación. ¿Hay algo que objetar?, no en una organización social como la nuestra donde las empresas deben ser rentables de año en año para que sus accionistas no las abandonen y colapse el sistema. Pero lo que no es aceptable es la hipocresía y la mezquindad de nuestros dirigentes. NISSAN ha recibido más de 43 millones de euros por parte de las administraciones públicas desde el año 2005. ¿Cómo lo ha conseguido?, pues entre otras cosas con este activo intangible de la Responsabilidad Social Corporativa, vendiendo ese humo, esa nada, a políticos y funcionarios que si pensamos bien pudieron ser engañados lo cual pondría en duda su aptitud para el cargo, y si pensamos mal, comprados. Pero la mentira y el engaño muchas veces no se aguantan mucho tiempo, y ahora que pintan bastos esta empresa nombrada este mismo año como una de las mejores en Responsabilidad Social Corporativa, ha pasado a ser desleal, deshonesta, mala, hipócrita, y mezquina. No le acuso, porque está en su naturaleza, en el mundo actual y mientras no lo cambiemos sus dirigentes tienen como objetivo salvar y contentar cada año a sus accionistas y hacen su trabajo. Pero nuestros gobernantes, aquellos que deben hacer leyes para promocionar el bienestar y el desarrollo de la sociedad, han tragado con esta gran mentira. Ahora todos se ponen muy serios hablando del largo plazo, de cambiar los incentivos, incluso de un nuevo orden mundial.

Pero yo desconfío, desconfío de unos gobernantes que se han tragado sapos como este del que hoy escribo, porque son fácilmente engañados, pensando bien por ignorancia, pensando mal por interés. Necesitamos personas nuevas, políticas que trasciendan lo políticamente correcto que no lleva a ninguna parte, y que empiecen a llamar a las cosas por su nombre. Esconder la verdad nunca trae logros y desarrollo sostenible, conocerla y desplegarla hace que las sociedades evolucionen y prosperen. No esperen que las empresas, los empresarios y los accionistas mejoren la sociedad, créanme, eso por naturaleza misma de esos agentes es imposible, son un mal necesario al que por el momento no hemos encontrado mejor alternativa toda vez que el comunismo real se ha demostrado un fracaso como forma de organización. Sólo los límites y guías impuestos por la ley pueden hacer que esos agentes sociales llamados empresas puedan contribuir al bienestar común. Ojala algún genio para pronto una forma de organizarnos como sociedad más justa que la actual, pero mientras tanto exijamos a nuestros representantes que estén atentos, que nos protejan, y que no se dejen embaucar por quienes no deben ser su principal preocupación.

Fuente: Iñigo Royeras, http://www.royeras.com Tomado de diarioresponsable.com

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