¿Cuál es el activo más importante que poseen los inversionistas? Ellos mismos…

Tome un minuto para reflexionar sobre algo desagradable: ¿Cómo una caída fuerte y sostenida en el mercado bursátil afectaría sus finanzas personales?

Considere esto un ejercicio de gestión de riesgo. La intención no es determinar si usted cree que el mercado se desplomará o si se considera optimista o pesimista. La gestión del riesgo personal no se trata de eso. La cuestión aquí es: si el mercado cae por un período prolongado, ¿cómo impactará sobre su capacidad de obtener ingresos hoy y a futuro? Aun más importante, ¿lo toma en cuenta cuando diseña su cartera de inversión?

Lo dudo. De hecho, me preocupa que uno de los problemas que afectan tanto a inversionistas como a sus asesores financieros es que asignan recursos en base a cómo la gente se siente (su aversión o tolerancia al riesgo) y lo que cree (una visión alcista o bajista sobre el mercado bursátil) en lugar de cuánto riesgo pueden tolerar sus finanzas personales.

Para hacerlo más claro: como parte de cualquier estrategia de asignación de inversiones, es necesario determinar si usted es una acción, con ingresos que pueden fluctuar bruscamente con el mercado, o un bono, con rendimientos que son menos llamativos, pero más estables. Seguro descubrirá que el nivel de riesgo que está asumiendo es mucho más alto o bajo de lo que imaginaba.

Entonces, ¿cómo puede averiguar si es una acción o un bono?

El primer paso es simplemente entender que una gran parte de sus activos no es lo obvio: sus acciones, bonos, casa, pensión. Es su capital humano. Es usted. Es una medida de sus ingresos futuros, un producto de lo que ha invertido en sí mismo. Piense en su sueldo como dividendo de su capital humano. Cuanto más joven sea, mayor es el porcentaje de activos que produce gracias a su capital humano.

Debe entender que todo trabajo o profesión tiene una sensibilidad única hacia el mercado bursátil que se puede medir. Vamos a llamar a esto su “beta” personal, similar a cómo definimos el beta de una acción en particular, su sensibilidad a los cambios en la bolsa.

Si una acción tiene un beta de 1, eso significa que es probable que se mueva más o menos a la par con el mercado en general. Un beta más alto significa que si el mercado retrocede, la acción caerá aún más; una beta inferior a 1 significa que la acción no se mueve tanto como el mercado.

Del mismo modo, si tiene un beta personal de 2, quiere decir que si el mercado cae 25%, su sueldo se desplomará 50%. Si piensa que un declive de 25% no tendrá ningún impacto en sus finanzas —aunque lo dudo—, entonces su beta personal es cero. Si desea obtener una medida aproximada de su beta personal, pregúntese cómo los últimos años han afectado su salario.

Entender su beta personal es esencial para conocer el nivel real de riesgo que está asumiendo y construir una cartera de inversiones adecuadamente diversificada.

El nivel adecuado de riesgo

Una vez que conozca su beta, el siguiente paso es encontrar la manera de asegurarse de que tenga la cantidad ideal de riesgo en sus inversiones. Hay tres maneras de hacerlo:

Una cuestión de equilibrio. Esta es la estrategia más básica, y sin embargo pocas personas la siguen: si tiene un beta personal alto, si el rendimiento de su capital humano tiende a fluctuar con el mercado, entonces su capital financiero, su plan de retiro, cuenta de corretaje, etc., se deben invertir de manera más conservadora. No importa si siente que al mercado le toca subir o que está emocionalmente preparado para los altibajos de las acciones. Debe considerar que, si los mercados caen durante un período prolongado, existe una mayor posibilidad de que pierda su trabajo, esté desempleado durante mucho tiempo o tenga una cartera de acciones sin valor. Una vez que contabilice estos factores, es muy probable que perciba que su estado de cuentas es mucho más vulnerable de lo que pensaba.

Así que, a la gente con alto coeficiente beta, ahora podría ser un buen momento para retirar un poco del dinero que tiene en el mercado, incluso si es un optimista. Recuerde que su capital humano —su salario mensual es el dividendo de este capital—ya está “en el mercado” y quizá no pueda darse el lujo de meterse con todo.

De hecho, creo que si su beta está sin lugar a dudas por encima de 1,
probablemente debería tener poco o nada invertido en acciones durante la primera o hasta la segunda década de su vida laboral. Usted pertenece en los bonos. Entonces, paradójicamente y en contra de la creencia común, a medida que envejezca y logre convertir parte del capital humano riesgoso en capital financiero más seguro, finalmente podrá darse el lujo de asignar una porción de sus ahorros a acciones más arriesgadas.

Reevalúe su seguro. El capital humano no es sólo influenciado por el mercado de valores. Es vulnerable a muchos otros factores. Me refiero a la muerte, una discapacidad y enfermedades prolongadas.

El seguro de vida y contra discapacidad no se trata sólo de compensar los ingresos perdidos de este año sino de restaurar el valor del capital humano de toda su vida. Así que, si consigue aumentar el valor de su capital humano, ya sea a través de más educación, nueva experiencia o un ascenso en su trabajo, obtenga cobertura de seguro adicional. Del mismo modo, si el valor del capital humano se convierte en más seguro (por ejemplo, al ser ascendido a un puesto permanente), debería aumentar su cobertura.

En otras palabras, considere los seguros como parte de su asignación total de inversiones, algo que debe ser revisado y reequilibrado al igual que su cartera de activos. En conclusión: una forma de reducir el nivel de riesgo en su balance es garantizar que esté debidamente asegurado.

Empiece temprano. Hay medidas que las personas pueden adoptar para reducir el nivel de riesgo en sus inversiones, pero deben implementarlas tan temprano como en sus años de universidad, y tal vez incluso antes.

Recordemos que los dividendos que recibe de su capital humano no son solamente el resultado de trabajo arduo, habilidades innatas, herencias o pura suerte. Por el contrario, estos dividendos se pueden remontar a la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo durante sus años de estudiante. Las habilidades que adquiere en esa fase son la base de su capital humano. Aunque algunos me reprochen, veo la educación como un bien de consumo.

Hágame caso, aprender algo de contabilidad, microeconomía y estadísticas empresariales ayudará a reducir el riesgo futuro en sus finanzas. Hay algo que es indiscutible: conocer su beta personal lo ayudará a manejar su riesgo total con mayor eficacia. Y eso siempre es una estrategia segura.

Autor: Moshe A. Milevsky es profesor de la Escuela Schulich de Negocios y del departamento de postgrado de matemáticas y estadística de la Universidad de York en Toronto.

Fuente: WSJ Americas

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