Un líder empresarial ¿ha dejado de ser un primate? En general ¿hemos dejado de ser monos?

La mayor parte de la literatura sobre la administración de empresas y la gestión de personas se fundamentan sobre ideas erróneas respecto al liderazgo y la jerarquía, centrándolo en el poder o la dominancia, aunque sea de una manera encubierta y en nombre del “humanismo”. Proliferan gurús y expertos que te aconsejan cómo manipular a los que te rodean. Por lo general, estos mensajes no tienen en cuenta otro tipo de motivaciones importantes para la especie humana como son el prestigio, el valor de las relaciones personales o la lealtad. En experimentos con primates no-humanos, se ha demostrado que éstas son fuerzas poderosas de la dinámica social.

Cuando nos hablan de liderazgo subrayan mucho los derechos y muy poco las obligaciones. La observación de chimpancés en libertad puede arrojarnos algo de luz sobre su verdadera naturaleza y función. Los líderes de esta especie suelen conducir al grupo a las mejores fuentes de recursos disponibles. También organizan cazas cooperativas que luego redistribuyen entre todos los miembros. En éstas, aunque se guardan la mejor parte para ellos, siempre comparten con el resto para asegurar su colaboración futura. Esto es debido a que la reputación de un individuo en los animales sociales es un factor clave de su supervivencia. El prestigio invita a otros a colaborar y a ser respetado en el futuro, siendo más probable el acceso a recursos valiosos, como hembras o comida, lo que aumenta la eficacia biológica del organismo.

Podemos encontrar comportamientos similares en algunas sociedades tradicionales de indios americanos, como los Kwakiutl (noreste pacífico americano), en las cuales, los jefes o “grandes hombres” son los encargados de organizar las actividades que requieren la participación de muchas personas, como la caza de animales de gran tamaño o las temporadas de pesca. También crean redes de alianzas con otros “grandes hombres“ de la región e intervienen en los conflictos internos. En épocas de escasez, se acude a ellos porque poseen un almacén general con todo lo aportado por los vecinos durante el año. Cada cierto tiempo, preparan unas ceremonias denominadas “Potlach” que tienen una doble función de distribución de los alimentos y prestigio. En éstas, los anfitriones intentan poner de manifiesto su posición social y poco apego a las propiedades, regalando y quemando objetos de todo tipo.

Entre los chimpancés, los líderes también son los encargados de la defensa y de las patrullas por los límites del territorio. Reciben grandes sesiones de acicalamiento, pero también son los que más tiempo invierten en ellas. Una responsabilidad fundamental de todo macho alpha es la intervención activa en la resolución de conflictos que aseguren la estabilidad del grupo. Éstos suelen mediar en las disputas ayudando al más débil o equilibrando fuerzas. Se ha llegado a verles tomar de la mano a dos hembras enfrentadas y acercarlas hacia sí mismo, de tal manera que ninguna de las dos tuvo que dar un paso hacia la contrincante, preservando de esta manera su “orgullo” y estatus.

En varios estudios realizados, la media de duración de un líder es de entre siete u ocho años. En ocasiones, la fuerza puede ser una debilidad, debido al aislamiento al que te someten los otros miembros. Algunos líderes parecen invitar al resto a cooperar contra ellos y pueden llegar a ser sustituidos por otros si no son eficaces en estas funciones. Por esta razón, es fundamental la capacidad de establecer alianzas con miembros clave del grupo que apoyen tu posición. Por otro lado, la existencia de otras lealtades en el grupo suponen una oposición muy efectiva o contrapoder que frena los excesos del individuo dominante. En varias poblaciones de chimpancés, se tiene constancia de la creación de coaliciones de hembras contra líderes déspotas. Estos fenómenos tienen mucha lógica, si pensamos que las hembras están especialmente interesadas en la estabilidad y el equilibrio del grupo.

El papel de los subordinados también está interpretado desde un modelo mental, según el cual, la naturaleza es un lugar cruel. Hoy sabemos que no es así, ya que existen infinidad de estrategias mediante las cuales los individuos que están en la parte más baja de la pirámide social acceden a recursos valiosos que en principio están prohibidos para ellos. Por ejemplo, algunos primates se esconden para poder aparearse con la hembras deseada y al igual que en humanos, muchos machos dominantes, sin saberlo, acaban criando a hijos que no son suyos. Otra estrategia es ocultar la existencia de un recurso, de manera que puedan consumirlo libremente cuando el “jefe” esté ausente.

Según la creencia popular, el líder es siempre el más fuerte del grupo. Varios estudios demuestran que no siempre es así. Jane Goodall nos cuenta la historia de Mike, un chimpancé que un día comenzó a jugar con unos bidones de gasolina que provocaban un fuerte estruendo. Pronto aprendió que los otros miembros del grupo se asustaban mucho con este ruido. Gracias a este descubrimiento y sin ser el más robusto de los machos, rápidamente ascendió en la jerarquía hasta lo más alto.

Para los primates humanos y no-humanos, el poder es muy importante, pero toda relación se basa en un continuo equilibrio entre la cooperación y la competición. Durante años se ha centrado la atención en lo segundo, aumentando la sensación de su prevalencia en la vida social. El liderazgo, al igual que otras capacidades, se consigue de manera oblicua ya que no se puede exigir ni conseguir directamente. Emerge de una forma natural cuando damos prioridad a las relaciones, formamos alianzas con miembros relevantes del grupo y asumimos las responsabilidades implícitas en el puesto. Todos estos factores procuran prestigio y reputación al sujeto. Por esta razón es frecuente que al igual que en las organizaciones humanas, el liderazgo no sea un asunto individual sino un fenómeno colectivo, debido a la necesidad de apoyarse en otros para sostener una posición en la jerarquía. Expresiones como la “ley del más fuerte” no son aplicables debido al entramado de poderes y contrapoderes que poseen todas las sociedades de primates.

Autor: Pablo Herreros, http://www.somosprimates.com

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