¿Qué tiene que ver el zen con los negocios?

Nada. Así de simple. Los negocios son el arte de satisfacer necesidades mútuas a través de la ejecución de acciones de caracter económico, y el zen es el arte de ser conscientes, el arte de ser mente y no-mente al mismo tiempo. No es con los negocios la relación, es con los llamados “hombres de negocios”. La mente de un empresario es como un ave que vuela rauda por sus ámbitos, sin que se detenga ni un segundo en ninguno de ellos. Tan pronto está en sus saldos de inventarios, pasa a la rama del próximo prospecto a contratarse para hacerse cargo de la Producción, y luego comienza a planear sobre la próxima reunión de Directorio, y en seguida se dirige a la cena de negocios de mañana en la noche, y luego pasa al regalo para su esposa en su onomástico, y…. Es una mente que no descansa. Es una mente que nunca es.

Se tiende a comparar y confundir este estado febril con el fluir de la vida. Incluso valorativamente se atribuyen atributos positivos a este estado, se dice que se trata de un exitoso que no pierde el tiempo ni oportunidad para progresar. Pero todo eso es una falacia: estamos en presencia de un hombre que se está gastando, que marcha hacia el colapso. Una mente tan activa no está fluyendo, está dando vueltas sobre si misma y sobre sus propios problemas, y eso es nocivo para el emprendedor y para sus negocios. Ese hombre no es porque no fluye. El agua estancada en medio de un meandro no deja de ser agua, pero no es río; el agua fresca y cristalina fluye por el río, no por el meandro estancado.

El zen es el arte de ser. En todo momento, la persona debe ser ella misma, estar consciente de su estado y realidad. Debe ser capaz de deshacerse de las amarras del pasado, lejano o cercano, y de las presiones del futuro; debe vivir el momento, el aquí y ahora. Debe darse cuenta de que el ahora es el resultado del ayer, y que si ese ayer fué construido de manera desordenada y disparatada, el ahora no será una buena plataforma para levantar el futuro deseado. Estar consciente es estar en el momento, dueño absoluto de sus circunstancias. Si en 5 horas más deberá dar una presentación ante clientes importantes, ahora (5 horas antes) debe estar inmerso solamente en prepararla, y en nada más; eso es vivir el aquí y el ahora. Eso es zen.

¿Qué gana con ello?

Serenidad de espíritu y fortaleza física. La mayor fuente de agotamiento es el trabajar constante de la mente. El cuerpo es capaz de regenerarse con el descanso o el ejercicio; la mente no. Sólo descansa con el vacío, con la meditación, con el evitar ese constante tráfago de pensamientos de todo tipo que la atraviesan y saturan. Un hombre sereno y físicamente apto es un hombre que toma decisiones adecuadas; un hombre gastado se equivoca, comete errores.

¿Esto sólo vale para grandes ejecutivos?

No. Es válido para todo el espectro del recurso humano de una organización. Tanto un alto Gerente divisional como el celador que cuida de las instalaciones tienen el deber de ser mental y físicamente aptos para el puesto y la responsabilidad que se les encomienda. A ellos no se les paga para “estar” sino para “hacer”.

El zen es un arte porque cada cual lo desarrolla a su manera y lo aplica en su vida diaria. El objetivo no es místico sino vivencial. No trata de mundos exóticos ni ideas espirituales extrañas sino de la vida misma, del día a día. Por lo mismo, puede enseñarse y desarrollarse en el seno de las organizaciones, y éstas pueden recoger las ventajas de su conocimiento y aplicación. Son muchas las empresas que han diseñado programas de este tipo para su personal y dan fe de sus logros. La lógica es impecable: hombres conscientes y serenos traen utilidades; hombres difusos las diluyen. El zen ayuda e enfocar los esfuerzos en pos de las metas.

¿Cómo se pueden lograr estas mejoras en el personal?

A través del diseño de programas de zen coaching adaptados a las características propias de las empresas: su definición de Misión y Visión, sus políticas, sus estilos de dirección, sus contenidos y estilos de comunicaciones, sus procedimientos operativos, sus esquemas de monitoreo y remuneraciones. Para las divisiones de Recursos Humanos o para los encargados de la función, puede ser la mejor inversión en el recurso que puedan acometer. Y eso es bueno para los negocios.

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Autor: Carlos Duarte M., Ing. Comercial (UdeC, Chile), Director de CDMCost Consultores.   https://zenempresarial.wordpress.com    http://cdmcost.com

SI ES UN EMPRENDEDOR COLOMBIANO Y DESEA UNA ENTREVISTA CON EL ING. DUARTE PARA ANALIZAR LO EXPRESADO EN ESTE ARTÍCULO, PUEDE LLAMARLO AL CELULAR  3202378488 O ENVIARLE UN MENSAJE AL CORREO carlosduarte@cdmcost.com  O A TRAVÉS DE LA PÁGINA Cómo comunicarse… DE ESTE BLOG.


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