La familia en los programas de calidad 5 S´s

La experiencia enseña, y a veces con métodos un tanto extraños. Cuando se emprenden proyectos de calidad, se tiende a enfocar el problema desde una perspectiva tecnócrata olvidando el factor humano inserto. En ese enfoque se toman las normas o los procedimientos, se llenan los pizarrones de reuniones y esquemas, se habla bonito… y las cosas no salen como uno hubiera deseado. ¿Qué sucede? El eterno factor humano en las organización. Un ejemplo sacado de nuestra larga experiencia puede clarificar este aspecto.

Era una empresa fabricante de balatas de freno y discos de embrague, que acometió “la locura” de emprender el camino de la calidad usando el sistema de las 5 S´s. Una planta de unos 120 trabajadores en 3 turnos. Se siguieron todos los pasos previstos en la metodología. Se organizaron los Comités, se establecieron las reuniones, se diseñaron los esquemas e indicadores de control, y… la productividad no despegaba. Para mi el reto inicial se fué transformando en un quebradero de cabeza porque no lograba llegar a ninguna conclusión. Hasta que un día cualquiera un pajarito llegó a la ventana: la mujer de uno de los operarios llegó a preguntar por su marido, que hacía 4 noches no llegaba a su hogar. Verla y darme cuenta del problema fue un acto instantáneo: desaseada, mal vestida, mal agestada….

Inmediatamente organicé una salida de la planta hacia los hogares de los operarios, y en general encontré el mismo panorama: casas sucias y malolientes, niños semidesnudos y llenos de mocos, mujeres sin lavarse ni bañarse (¡a las 1100AM!), cocinas que no conocían la limpieza, dormitorios que no sabían de tender la cama, suciedad y desorden por todos lados.

La conclusión era obvia: ¿cómo convencer a un trabajador de las bondades del orden, la limpieza, y todo lo que implica ese sistema de calidad si al terminar su turno de trabajo llegaban a su casa y encontraban esa realidad?

El problema se solucionó ampliando el programa 5 S´s al hogar, reuniendo a las mujeres y capacitándolas y motivándolas, contratando 2 asistentes sociales para que se preocuparan de los problemas extra laborales, apoyando iniciativas sociales y comunitarias, etc. De a poco en sus comienzos, y en forma acelerada después, se vieron los resultados: los indicadores de productividad y desempeño dieron un salto más allá de lo inicialmente previsto.

Una gran lección para el resto de nuestra vida: la calidad es integral en la vida de los participantes; no es un componente laboral. Si no nos preocupamos de la familia, olvidémonos de insertar calidad en las plantas de transformación o en las oficinas. El ser humano es un ente social antes que económico.

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