La RSE y los proyectos de intervención en comunidades rurales

A la luz de los principios de la RSE, los proyectos que implican intervenir en el hábitat y la cultura de comunidades rurales acarrean graves riesgos de contaminación, depredación, y desculturización. Quizás el daño más grave se da en este último segmento, el de la cultura, porque los otros son reversibles aunque a un costo muy elevado. De la experiencia adquirida en la atención de diversos proyectos, podemos extractar la siguiente vivencia:

Los estados tienen la responsabilidad de insertar a sus comunidades a lo que pudiera llamarse la “cultura nacional”. Esta cultura muchas veces choca frontalmente con las culturas ancestrales de las comunidades, y muchos actos impuestos de transacción social significan la pérdida de una riqueza humana incalculable. Indefectiblemente la comunidad termina desgarrada, sus modelos de autoridad y de acción quebrados, y la unidad étnica y social diseminada y diezmada. Por lo tanto, lo mínimo que se le pide al Estado es que maneje adecuadamente este problema a través de sus organismos, sean estatales o privados.

Por lo menos son 4 las situaciones que deben ser manejadas en estos casos:

a) La unidad religiosa, lingüística, cosmogónica de la comunidad. Hay que evitar que la inserción de realidades nuevas no se transformen en un proceso invasivo que termine quebrando y haciendo desaparecer esa unidad. Hay que manejar con cuidado la inserción del idioma español, por ejemplo. Y con mayor cuidado la inserción de nuevos esquemas religiosos y cosmogónicos.

b) La estructura sociológica de la comunidad. La llegada de nuevas tecnologías tiende a provocar el quiebre de los esquemas de dirección y mando de las comunidades, la relación de respeto a valores ancestrales como el de los mayores, la redefinición de muchas variables sociológicas como la relación entre géneros. Nuevamente se necesita un manejo cuidadoso de estos elementos a fin de ir detectando los problemas y asignándoles soluciones.

c) La estructura económica de la comunidad. La mayoría de las veces la intervención implica el cambio de las fuentes de ingreso y subsistencia. De esquemas netamente recolectores se pasa, sin pausa previa ni acondicionamiento, a un régimen salarial, lo que provoca quiebres en la estructura económica y la correspondiente organización social. Ya el liderazgo no lo ejercen los mejores cazadores sino los mejores obreros, y eso tiene consecuencias a veces insospechadas.

d) La sostenibilidad posterior a la intervención. El Estado o la empresa  interviene y muchas veces se retira, por cualquier razón. El caso es que los claros de monte vuelven a llenarse de vegetación pero la comunidad nunca vuelve a ser la misma porque tanto su organización como sus paradigmas vivenciales fueron alterados.

La intervención requiere de la preparación de un cuidadoso Plan de Intervención, que contemple los elementos antes mencionados y planifique sus posibles soluciones. No se puede perder de vista que una intervención mal planificada y peor ejecutada se volverá en contra del Estado, a través de los procesos de urbanización. Por lo mismo, el Estado debe exigir de sus organizaciones que esto se maneje con meticulosidad y profesionalismo.

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