La esencia del Zen Coaching

Un empresario en estado Zen pensará y actuará de manera más enfocada y tranquila que uno que no lo esté. Sus decisiones serán más certeras y atinadas.Vivirá y trabajará lejos de esa maldición moderna llamada estrés. Construirá una organización Zen.

Su organización, bajo su mandato, estará perfectamente alineada con su estrategia. No solamente él tendrá sus comportamientos enfocados; también serán adquiridos por las personas bajo su mando y a cargo de posiciones funcionales si tiene la capacidad de transmitir los principios del Zen e insertarlos a toda su organización.

El Zen no es una religión; es un estado vivencial. La pregunta es… ¿Cuándo se está en estado de Zen? Cuando se cumplen las siguientes 10 condiciones:

1.- Autoconciencia. Debemos estar autoconcientes de nosotros mismos en todo momento. Nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras sensaciones deben ser propiedad de nosotros y no de las circunstancias. Debemos estas conscientes de qué hacemos, qué hablamos, cómo escuchamos, cómo nos movemos, qué queremos y cómo lo conseguimos. Un empresario no es algo o alguien llevado por los vientos; es un líder.

2.- Zona de confort. Debemos ser capaces de identificar aquella zona a nuestro alrededor en la que nos movemos tranquilos y confiados. Definir los límites de esa zona. Y sobretodo, debemos ser capaces de detectar aquellos espacios que hacen que nuestra zona se mueva hacia los objetivos que hemos definido. La zona de confort no debe ser ampliada de forma abrupta. No es de inteligentes dar saltos al vacío.

3.- Aceptación. Antes que nada, debemos saber quiénes somos y aceptarnos tal como somos. A partir de ese conocimiento, podemos comenzar a construir. Si no sabemos quiénes somos ¿cómo podemos llegar a saber lo que queremos y lograrlo? Debemos conocernos y aceptarnos; disfrazarnos no nos lleva a ninguna parte.

4.- Motivación. Las metas son el destino al que queremos llegar. No seamos mezquinos, pongámonos metas gigantescas y vamos tras ellas sin pensar en el final del camino. Lo importante es avanzar, no el llegar. Mientras más alta es la meta, más motivadora es.

5.- Kaizen. Pequeños cambios producen grandes transformaciones. No seamos talibanes en la organización. Es frecuente emprender grandes proyectos de reingeniería, provocar un vuelco total en la manera como se hacen las cosas… y luego llorar sobre la leche derramada. No es a grandes zancadas que se avanza, es a pequeños pasos.

6.- Aquí y ahora. Enfoquemos todo en el momento presente, nuestro pensamiento y nuestro accionar. El pasado ya fué y sólo nos aporta experiencia, y el futuro no existe, hay que construirlo. Fijemos nuestros objetivos y trabajemos en el presente para conseguirlos. Trabajar no significa sufrir: si el trabajo es sufrimiento, entonces no vale la pena hacerlo. Líder que con su comportamiento transforma el trabajo de sus subordinados en sufrimiento, está condenado a perecer.

7.- Responsabilidad. Nuestros actos nacen de nuestras decisiones; por lo tanto, llevan insertos el timbre de nuestra responsabilidad. En cualquier ámbito, asumámosla. La responsabilidad no es delegable.

8.- Tiempo. Todo se hace en la línea del tiempo. Los mejores planes, las mejores organizaciones, llenas de recursos, fracasan si no gestionamos bien el tiempo de ejecución. Tenemos la tendencia a enfatizar los tiempos de la planificación y nos llenamos de cuadros y gráficos; ese es un error. Tan importante como la planificación, y más, es la ejecución.

9.- Limitaciones. Estamos llenos de ideas y creencias limitadoras. Nos ponemos barreras mentales nosotros mismos. No se puede, es dificil, no depende de nosotros, es inalcanzable, son frases que se escuchan a menudo. Luchemos contra ellas. Seamos aventureros. En esta vida, y en la organización, ¡todo se puede!

10.- Acción. Nada de lo pensado, planificado, programado, sirve si no lo ponemos en acción. Es la acción la que definirá si somos o no exitosos. Actuemos más que pensemos.

¿Cómo se insertan estos paradigmas en la organización? A través de charlas, conferencias, entrevistas personales. No hay otra manera. Aquellas organizaciones que ponen eslóganes impresionantes en la pared con mensajes más impresionantes aún… pierden su tiempo y dinero.

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